La Traduccion de la Biblia en la Cultura y los Medios de Comunicación Parte 2

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Segunda Lección Una Breve Historia de la Biblia y los Medios de Comunicación

Sagrada y Sincrética

Desde el momento en el que judíos y cristianos decidieron que sus sagradas historias debían archivarse, preservarse, interpretarse y replantearse ellos las tradujeron textual y visualmente. La historia de la traducción textual de la Biblia esta bien documentada y no nos concierne aquí. La historia de la traducción visual de la Biblia—su semio-traducción—es virtualmente desconocida como una asignatura de la traducción, y se ha llevado a campos como son la historia del arte, la música, la danza, el cine, el teatro, la arquitectura, etc. Pero hablar de traducción visual o semio-traducción de la Biblia no debería sorprendernos. ¿Cómo podía la antigüedad no haber traducido a dibujos, pinturas, música, danzas, escultura y arquitectura las historias más populares sobre Noé y el Arca, el Sacrificio de Isaac, David y Goliat, el Éxodo, Jonás y la Ballena, Jesús el Buen Pastor, la Última Cena, María Magdalena, Viernes Santo y Domingo de Resurrección? De manera similar, ¿cómo podía la modernidad cristiana no utilizar las mismas historias en traducciones a películas, cómics, novelas gráficas, radio, televisión y en Internet? Después de todo, antiguamente se conocía ya el poder de las artes. En palabras de Gorlée, las artes “pueden materializar y significar un mensaje de múltiples maneras; y apelando a los diferentes sentidos, la traducción inter-semiótica cubre el hueco entre los diferentes ‘lenguajes’—estético, político, filosófico, cognitivo, electrónico, etc.”


Ciertamente, la Biblia que contiene estas historias parece ser simplemente un libro; es incluso llamada el Buen Libro y las Sagradas Escrituras para recordarnos este aspecto. Pero si abres las tapas de la Biblia y comienzas a leerla en alto y cruzas el portal te llevará a un lugar misterioso y majestuoso llamado Tierra Sagrada. Es un lugar, no de las palabras escritas e impresas, sino de clanes, tribus, villas, mercaderes, príncipes, pobres, contadores de historias, artesanos, actores, curas y profetas todos llenos de vida y que escribieron narraciones a través de imágenes, sonidos, olores, movimientos, colores y emociones, junto con los códigos y las normas para su uso. Brevemente podemos afirmar que la Biblia es un texto sincrético, utilizando un texto acuñado por el semiótico Siri Nergaard. Está constituida por sistemas de signos de todo tipo y no solamente palabras.


El lenguaje visual de las narraciones bíblicas pinta cuadros con corderos y gansos, tiendas de campaña y templos, con puertas y jardines, con serpientes y pecadores, con caravanas y cruces. Puedes escuchar las ráfagas de las trompetas de Josué y el estrépito de los muros de Jericó, o percibir las pisadas furtivas de David conforme entra en el campo del Rey Saúl. Tu oído oirá la triste charla de los soldados de Macabeo afilando sus espadas y lanzas de guerra para conseguir puntas afiladas. El humo de los fuegos desde Jerusalén en el año 70 D.C. llenará nuestras fosas nasales; recordarás los aromas picantes escapando de jarras de incienso y dulce bálsamo y la enérgica fragancia de cestas de romero, tomillo y ajo; querrás permanecer en los aires afrutados surgiendo de cubas de olivas y uvas prensadas. Tus dedos presionarán las texturas de lana y los finos hilos de lino y seda. Darás cuenta de un bestiario bíblico de todo tipo de criaturas voladoras, nadadoras, en manadas, merodeando. No hay duda de ello. Dentro de sus tapas la Biblia acoge un estudio de producción multimedia guardado junto con un material cultural de miles de años pidiendo ser traducido.


Pero ninguno de estos materiales importaría realmente salvo porque estas historias bíblicas tienen mensajes religiosos que cuentan apasionadamente y de manera variada las idas y venidas de Dios entre las mujeres y los hombres que poblaron los escenarios del antiguo mundo mediterráneo. Y estos mensajes religiosos no permanecieron ni textuales ni verbales. Más bien, estos se transmitieron en varios sistemas de signos. Dios rescató a los israelitas de la armada del Faraón y de los bailes de Miriam. Dios dispuso el inescrutable deseo divino en tablas de piedra. Los israelitas escapan de Egipto y conmemoran este hecho con una comida ritual sirviendo cordero, hierbas agrias y pan sin levadura. Los coros del Templo cantan a Dios y graban sus himnos en un libro de Salmos. Dios libra a los Macabeos de sus enemigos Sirios y los Macabeos construyen un alto monumento que puede verse desde muy lejos. Pablo dicta cartas. El autor del Apocalipsis ve visiones y las graba. Jesús parte el pan y bebe el vino para conmemorar su muerte. De manera preeminente, eligen la señal de la cruz como símbolo de la muerte redentora de Jesús y para capturar en una imagen la pasión y muerte de Jesús. Para preservar y grabar la tradición oral eligen pergaminos e inventan códices.


En breve, la Biblia acaricia cada sentido, empuja nuestra imaginación, revuelve nuestra memoria y provoca sensibilidades artísticas. Ningún lector de la Biblia ha dejado la historia de Noé y el Arca sin dibujar en su mente lo que aquella extraña compañía naviera parecía, y como se llevaban entre ellos; o, ha vuelto de la historia de David y Goliat sin preguntarse sobre el crujido de la armadura de Goliat, el ruido de la piedra de David en la cabeza del gigante, o el sonido del golpe de Goliat al caer ¿Quién no ha oído el golpear del martillo con las púas que clavaban a Jesús en la cruz? ¿Quién no se ha preguntado qué santuario o altar vio el apóstol Pablo cuando entró en Atenas y se erizó al ver la ciudad celebrando a sus dioses griegos y romanos?


La traducción Bíblica y la Historia del Arte Debido a que la Biblia es tanto Escritura sagrada y texto sincrético (hoy podríamos decir que una producción multimedia esperando tener lugar) no podemos separar fácilmente, como se hace habitualmente, la historia de la traducción impresa de la historia de la representación artística en los medios de comunicación y en las representaciones culturales de la Biblia en pinturas, músicas, danzas, arquitectura y telas. Las Biblias escritas a mano y las impresas al igual que las creaciones culturales y artísticas de narrativas bíblicas pertenecen a una estrategia de comunicación llamada traducción. La primera representa a la traducción inter-lingüística y la segunda a la inter-semiótica.


En la historia de la cristiandad, ambas formas de traducción han servido para propósitos comunes: edificación espiritual, adoración, formación de valores, domesticación, localización, educación y entretenimiento. Ambas tienen en común una dependencia a sus fuentes, una necesidad de verificación y balance para asegurar adecuación y aceptabilidad, una historia de poderosas tradiciones de interpretación y uso, y una conciencia de la implicación de la audiencia. Con respecto a la implicación de la audiencia, sabemos que se expresa en el poder del dinero, los rituales que estructuran la fe recibida por los fieles, el gobierno de un príncipe, la amenaza de un iconoclasta, e incluso (hoy) el clic de un mando a distancia de una televisión.


A lo largo de su historia, la audiencia de la Biblia consistió no en lectores, sino en oyentes y espectadores. Los fieles escuchaban las sagradas historias desde el púlpito en la misa en sermones y homilías. Pero, diariamente, ellos encontraban el mundo de la Biblia y sus relatos en sus canciones, himnos, obras de teatro de la pasión, artes domésticas, grutas, lugares de peregrinaje, edificios públicos, mosaicos, relieves, estatuas y relicarios. En pocas palabras, lo que llamamos rutinariamente la asignatura de historia del arte implica una presentación popular de la Biblia para una audiencia no-lectora, una presentación que se sostiene como un punto primario de contacto con la Biblia para muchos cristianos.


La cultura material y espiritual de la cristiandad se inspira en la Biblia de manera jakobsiana, usando la traducción inter-lingüística, intra-lingüística e inter-semiótica para conferir el significado de las historias sagradas de la Biblia en palabras, sonidos, imágenes, movimientos, colores, líneas y formas. La Biblia nos ha llegado utilizando prácticamente cada medio y tecnología conocida por nosotros. Y, en algunos casos, la Biblia ha creado su propio medio, por ejemplo, el antiguo códice que es el ancestro del moderno libro encuadernado. No es sorprendente entonces que la Biblia haya ayudado a dar forma a las modernas emisiones de radio, televisión y cine. Quién puede dudar del efecto de la Biblia en los estudios de producción de Hollywood, recientemente Dreamworks e Icon Productions, con sus películas El Príncipe de Egipto y La Pasión, respectivamente. La traducción inter-semiótica de la Biblia es una historia rica, incluso en una visión amplia como la que presentamos aquí.


La Tradición Oral

La mayor parte de los expertos en la Biblia aceptan la visión de que partes extensas de las Escrituras se originaron en las tradiciones orales transmitidas verbalmente antes de que alguien las escribiera. Mientras que la tradición oral no ha sobrevivido, ha dejado sus huellas. Cuando un judío recita la Haggadah de la Pascua o el Shema; cuando un cristiano repite las palabras de la consagración en la Eucaristía cada uno de ellos revive la tradición oral. El apóstol Pablo dependía de esta tradición oral cuando escribió acerca de los elementos claves de la fe cristiana al principio, especialmente la enseñanza fundamental sobre la muerte y resurrección de Jesús (1 Corintios 15:1-9) que más tarde formó la base de los Evangelios. Ampliamente extendida y vigorosa, esta tradición oral permaneció como parte de la vida cristiana hasta bien entrado el siglo II DC.

Textos manuscritos

Los manuscritos representan uno de los primeros, si no la primera estrategia para preservar e interpretar la tradición oral de los relatos bíblicos. Estos textos escritos a mano y las copias, llamados manuscritos, constituyen la primera fase de textos origen de lo que judíos y cristianos han identificado como sagradas Escrituras. Desde el inicio, judíos y cristianos han privilegiado la forma escrita de la narrativa bíblica, sometiéndose a ellos en adoración, educación y estudio. Los primeros textos de la Biblia hebrea o Viejo Testamento surgen de una colección llamada los Pergaminos del Mar Muerto, que se remontan al siglo II y III AC. Aquí un ejemplo del libro de los Salmos.

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Aunque los cristianos estiman la tradición oral de Jesús y sus primeros seguidores, saben que por razones prácticas necesitan escribirlo. Así, en mitad del primer siglo, las cartas vinieron de mano del apóstol Pablo y los Evangelios de mano de los evangelistas. De todos estos textos iniciales no han sobrevivido los originales. Los estudiosos datan los primeros ejemplos de manuscritos completos o copias escritas a mano de la Biblia a mediados del siglo IV. Pero muchos fragmentos del primer periodo han permanecido, dando testimonio elocuente del rol que la escritura jugó en la transmisión y preservación del texto bíblico. Aquí, por ejemplo, encontramos el Papiro Bodmer 66, que data del siglo II D.C. y que contiene textos de los evangelios.

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papiro 66

Mientras estos primeros manuscritos judíos o cristianos no se consideran como piezas artísticas, muestran importantes detalles especializados y técnicos. Los artesanos cortaban y preparaban la superficie para escribir con papiro, piel y cobre, entonces medían e inscribían las líneas y columnas para la escritura. Los escritores profesionales, llamados escribas, copiaban los textos o tomaban el dictado del autor. Estos escribas jugaban un papel importante en la composición de las cartas que el apóstol Pablo escribió. Pablo, por ejemplo, dictó su carta a los Romanos a un escriba profesional llamado Tertius (Romanos 16.22), una práctica que continuó en otras cartas de acuerdo con una interpretación de esos textos como 1 Corintios 1.1 (Sosthenes), 2 Corintios 1.1 (Timoteo), Filipos 1.1 (Silas y Timoteo), 2 Tesalonicenses 1.1 (Silas y Timoteo), Filemón 1 (Timoteo).


Dibujos

Al mismo tiempo que los judíos y los cristianos escribían y copiaban las sagradas escrituras, sumaron otros medios y tecnologías para representar las narraciones bíblicas. Las artes decorativas, especialmente dibujos en muros e ilustraciones, entre los primeros ejemplos. Los ejemplos que vienen a continuación proceden del pueblo de Dura Europas, un antiguo centro mercantil y militar que los romanos fortificaron como parte de la línea defensiva Siria contra Persia. Dura Europas prosperó hasta el siglo III D.C. cuando una armada Persa la destruyó. Redescubierta durante la Primera Guerra Mundial por ingenieros militares franceses que buscaban emplazamientos estratégicos para situar artillería, Dura Europas ha ofrecido a la paleta de los arqueólogos una sobrecogedora variedad de ruinas de edificios públicos y privados. Entre sus ruinas reconstruidas encontramos una sinagoga y una casa-iglesia cristiana. En la primera, los arqueólogos descubrieron y restauraron muros decorados con dibujos de escenas bíblicas. En ellos encontramos una escena del Éxodo 12, representando el Éxodo de Egipto y mostrando a los israelitas saliendo de la ciudad de Ramsés, cargados con el botín de sus captores egipcios. Esta ilustración y media docena más cubrían el muro de una habitación que albergaba una hornacina o pequeño armario en el que la comunidad judía guardaba las sagradas escrituras de la Tora. La habitación funcionaba como un lugar para la adoración y la enseñanza, mostrando una exhibición de los relatos clave de las Escrituras judías que la congregación podía estudiar a la vez que oían las Escrituras que se leían y explicaban. Podemos imaginar fácilmente a un líder judío leyendo o explicando estas narraciones bíblicas y gestualizando en dirección al muro que serviría de apoyo memorístico e ilustración.


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Dura Europas

No mucho después de la muerte de Jesús, en el año 33 D.C., los cristianos viajaron a Roma y crearon allí una asociación cristiana, probablemente en un distrito llamado Transtiberino, un nombre local que significa algo como “en el otro (oeste) lado del río Tíber”. En el distrito Transtiberino, los cristianos habrían encontrado una gran población judía ya establecida que consistía en artesanos, tenderos, trabajadores, mercaderes, soldados y esclavos libres. Inicialmente, estos cristianos usaban sus casas como lugares de asamblea y adoración, pero también descubrieron un gran sistema de galerías subterráneas abandonadas y pasajes llamados catacumbas que los administradores de la ciudad de Roma habían abandonado. Los cristianos habían utilizado estas catacumbas en Roma, y otras similares en Nápoles y Alejandría, como lugares de asamblea para el culto, el compañerismo, la protección y para enterrar a sus muertos. Si imaginamos a los cristianos celebrando la Última Cena en las catacumbas, entonces podemos entender por qué en la catacumba de Domitila encontramos una de las primeras representaciones de la Última Cena. Presentando pictóricamente a Jesús y a los Doce Apóstoles, esta pintura da un punto de referencia visual para los cristianos que celebraban el ritual y cataloga explicaciones verbales y da cuenta de relatos textuales de la Última Cena de, por ejemplo, 1 Corintios 11.17-25; Mateo 26.26-30; Marcos 14.22-26; Lucas 22.14-23. Podemos sentir fácilmente el poder de una representación visual de Jesús en la mesa con sus amigos, formando un telón de fondo a una celebración de la Última Cena de los primeros cristianos. En la misma catacumba, encontramos una de las primeras representaciones de Jesús como parte de una escena representando a Jesús el Buen Pastor, una caracterización extendida de Jesús también conocida del Evangelio de Juan 10.1-21. De manera esplendorosa, Jesús aparece como un joven sin barba, vestido al estilo romano de la época, rodeado de ovejas y llevando un cordero sobre sus hombros. Es remarcable que en ambos ejemplos de las catacumbas los cristianos no solo tomaron prestado de los romanos sus técnicas pictóricas e ilustrativas, sino que también usaron modelos romanos para Jesús y sus seguidores, mostrándolos como jóvenes sin barba y vestidos a la manera romana.


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Ultima cena


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Jesús el Buen Pastor


Los manuscritos ilustrados


Con el transcurso del tiempo, cristianos y judíos reconocieron el poder de combinar la representación textual y visual de historias bíblicas, y comenzaron a producir manuscritos que unían la palabra y la imagen en un todo artístico y narrativo. Algunos de los más elaborados utilizaban pintura dorada que brillaba en la oscuridad (illuminare en latín, de ahí la noción de manuscrito iluminado). Las imágenes e ilustraciones no solo decoraban el texto, sino que servían de herramienta visual y no-discursiva para comunicar importantes mensajes de la narrativa al lector y espectador. La mayoría de cristianos en este periodo inicial de la Iglesia no sabía leer, así que sus líderes encargaron manuscritos bíblicos ilustrados para trabajar con el analfabetismo de la época, para comunicar con imágenes, para acentuar y vivificar mensajes que necesitaban más que una representación verbal, y para integrar la cultura visual, material y popular de la época en la presentación del mensaje bíblico. El Manuscrito Alba del siglo XV D.C. de España representa no solo una combinación de texto y arte visual, sino que también es un intento por reconciliar las culturas judías y cristianas en España. Los artífices de este proyecto esperaban unir a judíos y cristianos en un texto bíblico utilizando la más exquisita caligrafía y simbología de la época. Ellos esperaban ganar al menos la tolerancia, si no la admiración por los judíos de los príncipes y prelados españoles. Verdaderamente, los príncipes y prelados puede que no leyeran hebreo, pero seguramente encontrarían motivos para admirar y respetar un texto hebreo cuyos visuales artísticos se asemejaban a lo mejor de sus propias escuelas. Tristemente, este plan falló y los gobernantes españoles forzaron a los judíos a abandonar España más tarde en ese siglo. Pero el Manuscrito Alba permanece como un testigo fuerte del prestigio y el poder que disfrutaba el manuscrito bíblico iluminado al final de la Edad Media.


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Manuscrito Alba

Desde el principio de la Edad Media en adelante los cristianos trataron los textos bíblicos como una historia para ser contada en palabras y dibujos. Dos de los ejemplos más famosos vienen de la iglesia cristiana celta de Irlanda en los siglos VIII y IX D.C.: El Libro de Kells y los Evangelios Lindisfarne, respectivamente. Los misioneros en Irlanda se encontraron con un desafío doble cuando predicaban el Evangelio a las tribus celtas. Por un lado, la cultura celta era oral y no poseía literatura escrita. Por otro lado, los misioneros trajeron el Evangelio escrito en latín. ¿Cómo evangelizar una cultura celta oral con un texto bíblico escrito en latín? Parte de la respuesta está en el deseo de los misioneros irlandeses que explotaron los brillantes recursos visuales que los celtas habían desarrollado: patrones geométricos, colores brillantes, animales fantásticos. Estos misioneros aprendieron a “leer” el lenguaje visual celta y lo utilizaron para convertir la Biblia en latín en un texto familiar de imágenes, dibujos, formas, nudos, pájaros, y animales. En la primera ilustración del Libro de Kells, una página hecha de tela de alfombra con cuatro cuadros que representan los cuatro Evangelistas y lo hace con una combinación de extravagancia celta y tradición cristiana. Los evangelistas se convirtieron en figuras de un león, un buey, un humano y un águila. En la segunda ilustración, que es la primera página del Evangelio de Lucas, las letras, colores, diseños están tejidos íntimamente para formar una representación multimedia de la narrativa bíblica.


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Libro de Kells


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Evangelio Lindesfarne


Arquitectura

Pero no fueron solo las artes visuales las que transplantaron las narraciones bíblicas a la cultura popular y las hicieron accesibles a los espectadores. Las artes constructivas incorporaron fácilmente la Biblia a su repertorio de composiciones y estilos. ¿Quién podría imaginar una catedral gótica sin portales, vidrieras, ábsides y naves en las que transcurriesen narraciones bíblicas? Incluso en la temprana Dura Europas, la composición arquitectónica y bíblica van de la mano. La hornacina Tora mencionada anteriormente y el muro que la rodea son un espacio arquitectónico reservado para sustentar los pergaminos de la Tora y para mostrar un cuadro de historias bíblicas.


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Hornacina Tora

De manera similar los cristianos dejaron que la traducción de las narrativas bíblicas dictaran, informaran y habitaran los espacios arquitectónicos, y lo hicieron de maneras muy diversas. La Iglesia de San Apolonio la Nueva en Ravena, Italia, revela la fuerte influencia de las narraciones bíblicas que transfirieron sus historias al espacio, la composición y el diseño. San Apolonio muestra como los arquitectos hicieron espacio para el despliegue visual de las historias en bóvedas, pasillos y otros espacios de la iglesia. En una sección longitudinal de la iglesia, observamos como los relatos y los personajes bíblicos, alineados a lo largo de ejes verticales y horizontales, se integran en la arquitectura para narrar una historia panorámica de la Biblia.


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San Apolonio la Nueva


Artes teatrales y textiles

Al mismo tiempo que las artes visuales y arquitectónicas traducían las narraciones bíblicas, también lo hicieron las artes teatrales y textiles. La reproducción musical de las narraciones bíblicas jugó un papel importante en la fe judía y cristiana incluso antes de la representación textual de estos relatos. El Libro de Canciones del Judaísmo, el Salterio, consiste en 150 himnos que tenían como forma primaria de presentación el cante y la recitación en público y en voz alta en contraposición a la lectura silenciosa y privada. El Nuevo Testamento se refiere a la música, seguramente a la música judía, en muchas ocasiones (Revelación 5.12; 15.3). Estos textos sugieren que los judíos y los cristianos estimaban la música como medio para la representación de historias bíblicas. En el siglo VI, los cristianos habían desarrollado modelos musicales que no dependían de los judíos, por ejemplo el canto llano, aquí ilustrado en el Libro del Coro de un monasterio Dominico. Cabe destacar la mezcla de los diferentes medios: ilustración visual para la vista, notas de la melodía para llegar al oído y textos que expresan las palabras para que la vista pueda seguirlas.


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Libro de Canciones Dominico

Desde tiempos remotos hasta la actualidad, los bailarines han representado narraciones bíblicas. Miriam bailó (Éxodo 15.20), para celebrar la travesía a través del Mar Rojo, una narración captada en el Éxodo 15. Y actualmente la danza continúa sirviendo a judíos y cristianos como medio de expresar el mensaje bíblico, por ejemplo, esta representación de la danza de Miriam en un edredón realizado por la artista judía Marily Belford.


Los ballets modernos presentan una de las más convincentes interpretaciones de la parábola del hijo prodigo en la producción de Sergei Prokofiev con el mismo nombre. La premier tuvo lugar en París en la primavera de 1929, el ballet duró apenas hora y media. Pero su coreografía, vestuario y escenario estableció un estándar dorado para los tratamientos artísticos de las historias bíblicas. El ballet introdujo uno de los papeles más importantes en la danza moderna, la Sirena, que representaba a la prostituta con la que el hijo más joven tiene trato en un solo verso de la historia bíblica. En el ballet, la escena de la Sirena ocupa completamente un tercio de todo el tiempo dramático. El Ballet del Hijo Prodigo muestra el tipo de transformaciones que ocurren cuando los textos bíblicos se mueven no solo de un lenguaje a otro, sino de un medio a otro.


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Ballet del hijo Prodigo

Las artes domésticas y textiles han “representado” desde tiempos ancestrales narraciones bíblicas. En la tradición afroamericana de tejer edredones, los símbolos bíblicos, personajes e incluso historias completas han tomado vida, como en la pieza de punto de Harriet Power (1837-1911).


Archivo:Traduccionedredon.jpg Edredón Afroamericano

Las actuales artes textiles judías mantienen esta conexión entre el arte doméstico y textil con la representación de narraciones bíblicas. Aquí podemos ver una pieza tejida en honor de la fiesta judía llamada Tu B’shevat.


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Edredón judío

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Un ejemplo de Corea Una manera de confirmar esta hipótesis sobre la representación visual de la Biblia es observar la experiencia colonial y misionera desde el siglo XV en adelante. Tan pronto como los misioneros plantaban la cruz, empezaban a circular traducciones del Viejo Mundo, y comenzaban a crearse traducciones del Nuevo Mundo en las que los indígenas transferían la nueva fe a formas locales y vernáculas de arte popular y decorativo. Hay una historia famosa acerca de un conquistador español cuyo encuentro con un gobernador inca acabó con el gobernador lanzando al suelo una copia de la Biblia en español que se le había entregado para su inspección. Levantó la Biblia a sus oídos y agitándola, el príncipe la lanzó disgustado, diciendo, “Esta Biblia no habla.” Podemos sentir que el pueblo Inca esperaba una Biblia con múltiples canales para la comunicación.


Tomemos ahora un ejemplo de la Corea actual, donde la cristiandad protestante se enraizó al final del siglo XIX. En los años setenta, algunos estudiosos de la Biblia coreanos desarrollaron un acercamiento a la cristiandad y la cultura conocida como la teología minjung. En este acercamiento, los teólogos tuvieron menos en cuenta las tradiciones asiáticas religiosas y filosóficas como modo de interpretación bíblica, y se centraron en las tradiciones religiosas-culturales coreanas. En este contexto, las danzas de máscaras tradicionales coreanas emergieron como una forma cultural que podía interpretar la Biblia, particularmente sus enseñanzas sobre la pobreza, la opresión y la injusticia. Los estudiantes activistas cristianos de este periodo combinaron la tradición del baile de máscaras y la Canción de María de Lucas 1.46-55. Ellos la representaban con trajes tradicionales dándole un nuevo significado a la palabra de María: “Mi corazón alaba al Señor; mi alma está alegre porque Dios mi Salvador... Él ha tendido su brazo y ha esparcido la gloria con todos sus planes. Él ha bajado a los reyes de sus tronos y ha levantado a los humildes”.


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Baile de Máscaras Coreano

Esta breve historia de la representación de la Biblia nos lleva a la representación moderna de la Biblia en la radio, la televisión, y el cine, medios que llevan la Biblia a millones de personas en todo el mundo... Nuestros pocos ejemplos han propiciado preguntas importantes, por ejemplo, ¿en qué sentido podemos hablar de una danza o un edredón como una traducción? ¿Cuál sería la fuente textual para un edredón o película o los portales, naves y transeptos de la Catedrales? ¿En qué sentido podemos medir la fidelidad de estas composiciones a las narraciones bíblicas? ¿Deberíamos siquiera medirlo? ¿Cuál es la audiencia de estas representaciones? ¿Un patrón rico que encargó la pieza o todos los espectadores a lo largo del tiempo? ¿Qué hace aceptable esa representación de la Biblia? ¿Cómo reforma cada medio la narración, o incluso la varía? ¿Qué significa la noción de “texto” en este contexto? ¿Es algo impreso, inmóvil, fijado en una página, un medio único, o es algo más fluido, más sincrético, es decir, algo que representa y requiere muchos medios para su máxima expresión en un momento concreto? ¿Qué significa la noción de audiencia en este contexto? Claramente más que un simple lector. ¿Cuál es el mensaje clave de una narrativa bíblica en un edredón o en una danza? ¿Cómo facilita este medio el descubrimiento del mensaje clave que no es posible con el texto impreso?


Todas estas preguntas presuponen una sola pregunta común: ¿Qué método o metodología empleamos cuando trasladamos una narración bíblica de una lengua a otra, de un medio a otro, y de una cultura y tiempo a otra cultura y tiempo? La madre de todas las metodologías de traducción y comunicación es una disciplina llamada semiótica, o el estudio de los signos. Ahora pasamos a una breve discusión de los signos y la semiótica pues tienen que ver con los elementos de la traducción a otros medios y arrojarán algo de luz a las preguntas apenas planteadas.