La Traduccion de la Biblia en la Cultura y los Medios de Comunicación

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TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA EN LA CULTURA Y EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN[1]

Robert Hodgson, Jr. (Instituto Nida para Estudios Bíblicos, Sociedad Bíblica Americana, New York)


Introducción, Traducción y Cultura

Cuando los homínidos, en un principio, comenzaron a agitar palos unos contra otros, golpeando su pechos, pataleando, marcando su territorio con fluidos y olores, dibujando líneas en la arena, gruñendo aprobaciones, silbando y gruñendo en señal de peligro, y de alguna manera mostrando pensamientos e intenciones, alguien tuvo que hacer que estos mensajes fueran comprensibles entre aquellos individuos y grupos que no compartían el mismo sistema de signos. Con el tiempo, una profesión y una especie de experto en comunicación especial apareció, el dragomán, el ancestro de los actuales traductores e intérpretes. De estos tempranos comienzos hasta hoy, los traductores e intérpretes han mediado entre culturas y lenguajes, han sido los que han llevado el correo de la civilización y, como dijo Pushkin, lo han hecho a través de los limites del tiempo, el espacio y cada forma conocida de organización social, incluyendo familias, tribus, feudos, reinos, ciudades estado y naciones.


Durante más de medio siglo, una disciplina académica conocida como Estudios de Traducción ha investigado y explorado el rol de la traducción y la interpretación en la historia y la cultura, documentando lo que es seguramente una de las más ricas y menos valoradas historias universales de nuestro tiempo. Los traductores e intérpretes han inventado alfabetos, provocando el nacimiento de lenguajes nacionales y literaturas, divulgando el conocimiento científico y humanístico, acogiendo en sus manos las riendas del poder político, fomentando las religiones, y ayudando a escribir la historia. Y estos han mediado solamente a través de un tipo de traducción—mediación de textos verbales. A esta contribución se añade la influencia de la traducción e interpretación de pinturas, dibujos, ilustraciones, diseño gráfico, música, escultura, danza, y arquitectura, al igual que películas, televisión, radio e Internet.


Hasta que los Estudios de Traducción modernos indagaron en la tarea de la traducción y la interpretación, la historia de estas habían quedado ignoradas e invisibles, con la excepción de algunos famosos episodios, la mayoría procedentes de traducciones de la Biblia como la de San Jerónimo y la Vulgata, Martín Luther y la Biblia alemana, y el proyecto de la Biblia del rey Jaime II.


Históricamente, la invisibilidad de traductores e intérpretes se remonta a una profesión de poco prestigio, poco remunerada, y con poco apoyo por parte de las instituciones académicas y culturales. Como un asunto derivado de la costumbre, pocos de nosotros, como monolingües, pensamos acerca de los textos traducidos que leemos, aunque desde la infancia leemos grandes cantidades de historias, novelas, relatos históricos, fábulas, cuentos, y poesías que tienen un origen lingüístico distinto a nuestra lengua materna. Podemos pensar en títulos clásicos de la literatura infantil como son los cuentos de Grim y El patito feo. Teniendo en cuenta la literatura traducida que encontramos en nuestra educación secundaria y universitaria encontramos La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino, La Iliada, La Odisea, La Eneida, Fausto, Los Tres Mosqueteros, Dante. O, si tenemos en cuenta el caso de los medios de comunicación actuales: ¿Cuántos de nosotros leemos o escuchamos noticias que son ejemplos de textos traducidos e interpretados? Incluso los lectores de la Biblia pertenecen a este grupo. A menudo no tenemos en cuenta la experiencia y las implicaciones que conlleva leer un libro traducido. De hecho, algunas traducciones de la Biblia pierden su identidad como traducciones y funcionan como pseudo-originales, la Biblia del rey Jaime por ejemplo.


La traducción ha dejado su huella en las pantallas y las retrasmisiones modernas, comenzando por los programas de los años veinte del evangelista Aimee Semple McPherson y continuando a inicios del siglo veinte con películas como Intolerancia de D.W. Griffiths (1916) por ejemplo. Adaptaciones actuales de la Biblia al cine como La Pasión de Cristo o El Príncipe de Egipto exhiben la misma confianza en la traducción. Cada película doblada o subtitulada, cada opera y obra de teatro reescrita, depende en su totalidad de la traducción.


La traducción encamina su paso a través de todo el ámbito religioso y político de la vida americana. Los primeros colonos llevaban consigo en el Mayflower una traducción de la Biblia conocida como la Biblia de Ginebra cuyas traducciones y notas supusieron una piedra angular para la posterior cristiandad evangélica americana. Los pioneros del oeste y los jinetes del Pony Express portaban con ellos traducciones de la Biblia, gracias a los agentes y misioneros bíblicos de la Sociedad de la Biblia Americana, que fue fundada en Mayo de 1816 con el propósito de distribuir Bíblias traducidas a la creciente población americana. Gracias a literatura traducida, Thomas Jefferson dio a América un estilo arquitectónico para sus edificios públicos, visibles en su casa en Monticello, a partir de la lectura en inglés de la obra de Andreas Palladio, un arquitecto italiano del siglo XVI. La ley americana bebe directamente de las aguas de la traducción de textos y tradiciones legales, desde la Ley Común inglesa y la Carta Magna a códigos legales y escritos griegos, romanos e incluso del medio Este. La traducción del Código Napoleónico es la base de las leyes del Estado de Luisiana.


Durante al menos dos mil quinientos años traducir e interpretar la Biblia ha contribuido a esta larga historia de comunicación, interacción y aculturación humana. Quizá más que ningún otro texto la Biblia ha marcado su carácter en personas de Europa y América, sin mencionar en aquellas personas dentro de los imperios coloniales a los que los misioneros llevaron sus traducciones. La Biblia misma transmite su propia versión de esta historia a la que nos referimos, así en la Torre de Babel (Génesis 11:1-9), se aporta la palabra “babel” para aquellos fragmentos de habla confusos y ruidosos que necesitan de la traducción y la interpretación.


Este artículo pertenece a la amplia historia de la traducción y la cultura, aunque solamente trata un aspecto de esta larga historia: traducir e interpretar la Biblia. E incluso aquí, solo se tiene en cuenta una parte de la traducción de la Biblia: interpretar la Biblia a otros medios distintos de la escritura.


Nuestro enfoque es delicado pero oportuno. Delicado porque hablar sobre traducir la Biblia a otros medios diferentes de la escritura desafía profundamente las convicciones sobre la naturaleza de la traducción, sobre la Biblia como libro, sobre la cristiandad como religión del libro, y sobre el futuro de profesiones y campos académicos que tratan la Biblia como libro. Oportuno porque, bajo la influencia de los modernos Estudios de Traducción, vuelve a una apenas perceptible visión de la interpretación y traducción de la Biblia, una visión que sobrevive como “historia del arte.” Oportuno, además, porque la tecnología y los medios de comunicación modernos han llevado al renacimiento de la traducción de la Biblia a los diferentes medios de comunicación.


Primera Lección,La Naturaleza de la Traducción

Traducción Tradicional

El lingüista Roman Jakobson dijo que el comportamiento humano conocido como “traducción” se refiere a tres actividades diferentes aunque relacionadas. La primera, que llamó traducción inter-lingüística, se refiere a la tradicional y comúnmente conocida tarea de reemplazar un texto verbal en una lengua por un texto verbal en otra lengua: Chapman tradujo a Homero del griego al inglés. La segunda, conocida como traducción intra-lingüística, se refiere a parafrasear o rescribir un texto, es decir, reemplazar un texto de una lengua con otro en una versión, dialecto o registro diferente, pero en la misma lengua. Kenneth Taylor en 1971 acabó su paráfrasis de la Versión Estándar Americana, publicándola como la muy conocida Biblia Viva. La línea de las novelas gráficas de la Sociedad Americana de la Biblia son ejemplos de traducción intra-lingüística.


El tercer tipo, que Jakobson llama traducción inter-semiótica, reemplaza textos o información de un sistema o medio de signos con un texto o información en otro sistema o medio de signos, o incluso en la combinación de sistemas y medios de signos. La traducción inter-semiótica cubre actividades como pasar un libro a una película, a un cómic, o a una novela gráfica; esto incluye transformar ‘scripts' y libretos en obras de teatro y óperas; incluye a su vez convertir música escrita a voz o instrumentación. También incluye representar narraciones en pinturas, danzas, esculturas y arquitectura; transformar textos a Braille o lengua de signos; y codificar mensajes a código Morse o código de semáforos. La interpretación simultanea y consecutiva de lecciones, el doblaje y la subtitulación de películas, al igual que la presentación multimedia de textos en CD-ROM, DVD e Internet también pertenecen a este tipo de traducción.


Augusto Ponzio ha remarcado que traducir en la actualidad ha sobrepasado el muro de contención de la lingüística y la filología, saltando a un amplio campo multidisciplinar y saciando así su sed de teorías, así como de aplicaciones prácticas a cualquier tecnología imaginable, a los medios de comunicación, al mundo académico y profesional. Todavía, en la mente tradicional, la traducción, especialmente la traducción de la Biblia, significa traducción inter-lingüística. Evoca así imágenes de textos verbales traducidos, conservados en tablas, pergaminos, códices, y, finalmente, en papel escrito. Esta visión tradicional no conecta mucho con hacer películas, producir cómics o novelas gráficas, aun menos con la representación de danzas y música o con la creación de estatuas y la construcción de páginas web en Internet.


Traducción de la Biblia post-moderna

Pero en un mundo post-moderno, la visión jakobsiana de la traducción de libros parece y se siente como correcta, y lo hace por varias razones. La traducción, una actividad perteneciente al complejo dominio de la comunicación humana, debe reflejar una diversidad de modelos y patrones de comunicación. Estos modelos y patrones de comunicación incluyen claramente lo que Walter Ong describió como oralidad secundaria, la cultura oral que han creado medios de comunicación como la radio, la televisión, las películas e Internet, junto con la tradicional cultura de los libros. La oralidad secundaria apunta a formas de literalidad e inteligencia que procesan sonido, imagen, movimiento, color y perspectiva, más que los textos impresos y verbales. Junto con estos factores aparece una nueva apreciación hacia el rol activo que los lectores y las audiencias juegan en la creación de significado en aquellos textos que leen o ven. Se han acabado los días de lectores o espectadores pasivos que representan objetivos estáticos hacia los que los mensajes se disparaban a modo de balas. Los lectores y espectadores activos se unen en la construcción del significado al leer o ver; ellos deciden lo que es relevante, aceptable, y útil para ellos. En un mundo postmoderno dominado por las modas que se exhiben en, digamos, la Avenida Madison, los productos, especialmente aquellos traducidos, deben mostrar un alto grado de localización y especialización para dirigirse a audiencias y mercados específicos. El nuevo mantra es “una talla para cada uno” y no “una talla para todos”. Y, finalmente, debemos percibir la creciente demanda global de productos para los medios de comunicación, incluyendo productos mediáticos basados en los textos y en las sagradas Escrituras.


Paradójicamente, estas fuerzas postmodernas empujan la traducción mediática a primer plano, de manera que nos devuelve a un tiempo previo al momento en el que disminuyó la producción de prensa escrita y la de Biblias en masa, a un tiempo donde la gente escuchaba la Biblia leída desde el púlpito, ponía en escena la Pasión, bordaba escenas y motivos bíblicos en ropas y tapices, y concebía el arte privado y los edificios públicos como medios de proclamar temas y narrativas bíblicas.


La traducción inter-semiótica involucra a equipos, no a individuos; se basa en la tecnología y en los medios de comunicación; puede producir películas, una novela gráfica, un cómic, una página web tan fácilmente como puede producir bailes, canciones o un edredón. Verdaderamente, es digna de las mejores prácticas tradicionales, al igual que la traducción inter-lingüística e intra-lingüística. Consulta textos originales y recibe información de lingüistas, hablantes nativos, filólogos, y expertos en la Biblia. La comprobación y el balance se aplicará a lo largo de todo el proceso de producción para calidad del mismo. Pero la traducción inter-semiótica puede aparecer en un artista o ilustrador, un coreógrafo, un escritor de guiones al igual que en un músico, percusionista, bailarín y un programador de software. Además, un equipo inter-semiótico comprobará la fiabilidad de su trabajo no solo con un test tradicional de adecuación y fidelidad, sino que también con un test de aceptabilidad. A cada paso del camino, la cuestión que surgirá será si el lector, espectador, mercado, o cultura receptora o audiencia acogerá, entenderá, reformará, conectará, aplicará y realizará la traducción.


Eugene A. Nida colocó la traducción moderna de la Biblia en un nuevo curso cuando reconoció que toda traducción es local. El luchó por el derecho de utilizar traductores nativos en cada equipo porque sabía que últimamente el éxito de una traducción dependía en la aceptación local, no en la autoridad de una Iglesia, el poder de una sociedad de la Biblia, el sentido común del editor en la organización del marketing, o incluso la pericia del traductor. En la traducción post-moderna de la Biblia los estudios de Nida son válidos. Pero ¿qué significa “local” en la cultura Hip-Hop de la América urbana en la cultura del cómic Manga en Japón, en la cultura Europea de Ciber Café? Probablemente significa que los equipos de semio-traducción recluten nuevos tipos de hablantes nativos—artistas, ilustradores, productores de películas, diseñador de páginas web y músicos.


El estudioso israelí Gideon Toury, uno de los fundadores de los Estudios Modernos de Traducción, ha afirmado que una traducción funciona como tal cuando una audiencia concreta la acepta como tal. Editores, sociedades Bíblicas, asociaciones de libreros y distribuidores, junto con confesiones, ministerios e iglesias necesitan urgentemente reorganizar sus pensamientos y acomodar este cambio hacia el lector y la audiencia. Los jóvenes elegantes de la América urbana, los conectados habitantes de los ciber cafés, los devotos de los cómics Manga en Tokio conocen formas de comunicación y medios en los que confían y otros en los que no. Para que pueda caminar por las calles en centros urbanos, para que atraiga almas en los centros comerciales de las afueras, y para que encuentre su camino en carreteras rurales, la Biblia debe acercarse al pueblo, debe parecerse y sentirse como los graffiti, los cómics, la música, las danzas, el arte de lo urbano y suburbano, y a los vecindarios rurales más que a los púlpitos y los himnos de la mayor parte de las iglesias de los vecindarios.