Historia de Tampulma

De Tradupedia
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Anónimo

Yo avanzaba a tropezones por el polvoriento sendero del norte de Ghana. Jadeaba por el calor; el sol me daba de lleno sobre la cabeza. El sudor me corría por la frente y me caía sobre los ojos. Constantemente tenía que limpiármelo de la frente con el reverso de mi mano. Cada paso levantaba nubes de polvo y tenía la boca muy seca.


Finalmente encontré la aldea a la distancia. Chozas redondas, con techos de paja color café, que relucían en el resplandor del calor. Sonrientes africanos salieron a recibirme con sus brazos abiertos. Me detuve para entrar en una de las chozas. ¡Vaya! estaba fresco bajo el techo. Adentro había muchas más caras morenas sonrientes. La gente cantaba y palmoteaba. Era una iglesia. Esa aldea estaba sólo a unos pocos kilómetros de distancia de la carretera principal, pero un año atrás nadie en toda la aldea jamás había oído el nombre de Jesús. Ahora le seguían.


Los traductores Juan y Consuelo Garibay * viajaron a muchas aldeas tampulma en esos días. Le preguntaron al jefe de la aldea: “¿Le gustaría a su gente aprender a leer su propio idioma?” El jefe seleccionó a un joven llamado Kuame, cuyo nombre significa Miércoles, como maestro. Así que bajo un árbol Juan Garibay le enseñó a Kuame a leer. Le dio un montón de libros y le pidió que les enseñara a sus amigos. Luego los Garibay avanzaron a la siguiente aldea.


Todas las noches Kuame reunía a sus amigos alrededor de una vacilante lámpara. Al croar de las ranas los jóvenes devoraban los libros de lectura, gradualmente aprendiendo a leer, letra por letra, palabra por palabra, frase por frase. Cuando los Garibay volvieron a la aldea, ¡diez jóvenes ya sabían leer! Esta vez les dejaron libros más avanzados, y ejemplares del Evangelio de Marcos en idioma tampulma.


¡Qué oportunidad para personas que nunca habían oído el nombre de Cristo! Los Garibay les rogaron a sus socios en su país: “Oren, por favor oren por esta aldea, por los siguientes seis meses.” El equipo en su país asumió la responsabilidad y oraron fielmente. Después de seis meses los Garibay, con corazones palpitantes, volvieron a la aldea.


“¡Queremos saber más de este Jesús!”

Un hombre mostró su Evangelio de Marcos: “¡Este es el camino de Jesús, y nos gusta!” ¡La clase de lectura se había convertido en una iglesia!


Lo mismo ha sucedido en otras seis aldeas. El Espíritu Santo de Dios aplicó las Escrituras en el idioma de la gente, a sus corazones. Vidas fueron cambiadas cuando el pueblo de Dios oró.